¿LA VERDADERA ASTROLOGÍA?

La astrología es una herramienta tan increíble que, solo con la mente racional, no seremos capaces ni de acercarnos a imaginar su envergadura.  Realmente no tiene fin. Es eterna, como la propia existencia objeto de su estudio. Sus aplicaciones son numerosas, y su orden y su precisión conducen a pensar que algo debe existir detrás de toda esa perfección. Alguien colocó ahí, en el espacio, esas bolas gigantes que giran en plena armonía, creando un sistema perfecto. Algunos dirán que todo fue fruto de la casualidad, y a éstos yo les pregunto si también es casualidad que la más pequeña de las partículas (el átomo) tenga la misma estructura que el sistema solar. ¡Qué maravillosa coincidencia!

Más allá de las cuestiones de fe, cualquiera que se atreva a estudiar astrología, con la suficiente profundidad, podrá comprobar que de la mano de este arte ancestral se puede analizar y comprender la vida misma y al ser humano, en toda su hondura y complejidad, y entender el sentido de todas las cosas que le pasan, puede conocerse el destino del mundo y de las distintas culturas y sociedades, se pueden responder preguntas muy concretas, se puede aplicar a la salud del cuerpo físico, a cualquier profesión o actividad….. en fin, para no dar más rodeos, podríamos decir que la astrología lo explica todo, pues este saber milenario nos explica la propia vida en sí. Todas y cada una de las cosas, reales o imaginarias, que existen o pueden existir, se asocian a alguno de los doce signos del zodiaco, incluyendo lo que es perceptible por los sentidos físicos y lo que no es perceptible, lo que es de este mundo y lo que no es de este mundo;  pues este, nuestro mundo, no es lo único que existe.

La astrología siempre ha estado y siempre estará presente en la existencia humana, pues el Sol, la Luna y los planetas nunca se irán de ahí. Estaban antes del ser humano y seguirán después del ser humano. Pero la astrología también es un ente vivo y, como tal, evoluciona. Tiene pasado, presente y futuro, crece a lo largo de los siglos, pasa por etapas mejores y peores…, y por supuesto, aunque evolucione, y aunque sus aplicaciones y estudios sean variados, la astrología solo es una. Pero en estos días donde el mundo se está volviendo loco, donde solo prima la superficialidad y los intereses económicos, cuando la verdad ya no se sabe ni dónde quedó, resulta que la propia astrología, que se mantenía un poco al margen de todo esto, quizás por estar tan olvidada, también se está viendo contaminada. ¡Resulta que ahora se cuestionan los planetas exteriores! (Urano, Neptuno y Plutón) Al parecer, ¡se ha puesto de moda la astrología clásica!, que sólo tiene en cuenta las dos luminarias (Sol y Luna) y los cinco planetas que son visibles al ojo humano: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Pese a ser una tendencia extendida, gracias a Dios tampoco es generalizada pero… con perdón… ¿A estas alturas? ¡Manda huevos!

No existe una verdadera astrología y una falsa. Astrología solo hay una. Si acaso, hay malos astrólogos que ni la entienden ni la saben interpretar. La astrología estudia muchos campos y se pueden usar diversas técnicas; y todas ellas son valiosas, unas más que otras, pero todas son maravillosas si uno es riguroso a la hora de aplicarlas, o al menos la mayor parte de ellas. Una de las grandezas que tiene la astrología es precisamente esa: dentro del mismo arte existen distintos caminos para llegar a la misma conclusión.

Antes de que se me malinterprete, quiero dejar bien claro que para nada cuestiono el valor de la astrología clásica. Por supuesto que lo tiene. Es algo evidente. Hay cosas que ya quedaron desfasadas, pues los tiempos han cambiado, pero eso tampoco merma la sabiduría que contiene. Ahora bien, la astrología moderna, la astrología de la personalidad o psico-astrología, que digamos… se centra más en el estudio del individuo y su psique, es igualmente valiosa. ¡Faltaría más! Aquellos que la han estudiado a fondo, más allá de leerse algunos libros, lo saben. La experiencia de la propia vida de cada persona, si es observada durante años a través de su carta natal, lo demuestra. Yo llevo veinte años observándolo, y en veinte años da tiempo a estudiar muchas cartas astrales. ¡Y ahora vienen un grupo de astrólogos vintage a decir que no, que eso no es así! Es como si a un matemático estadístico, después de estar toda la vida estudiando estadística, le vinieran otros matemáticos a decirle que no, que la estadística no existe. Sí que es verdad que hoy en día abunda mucha basura astrológica por ahí, que hay mucho necio que escuchó campanas y habla de oídas y sin saber, y que existen muy pocos astrólogos que en verdad son conscientes de lo que están manejando; pero eso pasa ahora, pasaba antes y ha pasado siempre, pasó con la astrología clásica y pasa con la moderna. ¡Y qué triste es tener que expresar esta división!  ¿No será mejor aprender de ambas  y considerar a ambas?

Pero aparquemos las polémicas absurdas, que no sirven para nada salvo para entorpecer la trasmisión de este saber milenario a aquellos que deciden acercarse a él. Mejor pasemos a explicar, por ejemplo, la evolución del signo de Acuario, pues los signos astrológicos son entes vivos en sí mismos y, como tales, también evolucionan, en consonancia con la evolución de la propia existencia en la Tierra.

Si hacemos un repaso de la Historia, durante muchos siglos lo relevante y digno de mención se centraba en la vida de los reyes y mandatarios, sus honores y sus demencias, y las guerras y luchas internas que estos mismos provocaban. El dinero, el poder, la cultura, los bienes…, todo estaba en manos de las realezas de cada región y sus consiguientes pelotillas y allegados. La masa, el pueblo llano, malvivía en la pobreza, rodeado de todo tipo de penurias y careciendo de derechos básicos. Sencillamente, no importaban. Durante muchos siglos, en líneas generales se menciona a las masas refiriéndose a epidemias, guerras, cataclismos, y a su mayor o menor mortandad o natalidad. Y por entonces, el signo de Acuario, que entre otras cosas se asocia al conjunto de todos los seres humanos, estaba regido por Saturno, que no tiene fama de benéfico precisamente. Y es que claro, la mayor parte de la población vivía sometida a los cuatro poderosos de turno (tal y como pasa ahora, solo que antes era mucho, mucho peor) y la mayoría de los distintos pueblos no eran libres y en líneas generales no hacían más que penar.

Acuario también se asocia a los colectivos, gremios y agrupaciones de personas. Si hablamos de colectivos, en la antigüedad existía uno que destacaba por encima de todos los demás: los ejércitos. De hecho, gran parte de la población masculina, ya fuera por propia elección o por obligación, formaba parte de algún ejército. Realmente, pocos colectivos más había que englobaran a tan alto número de individuos. Y claro, en el ejército, pues tampoco es que se llevase un vida feliz y relajada; y más en aquellos tiempos, donde los poderosos no podían parar de jugar a las guerras. Formando parte de un ejército, más bien la vida era un constante pesar, algo que puede asociarse a Saturno perfectamente. Algunos dirán ¡no! ¡El guerrero es Aries! ¡Marte es el dios de la guerra! Y tienen razón. Pero a un grupo de guerreros lo representa Acuario. Un guerrero es Aries (individual), y un ejército es Acuario (colectivo). Pero bueno, a lo que vamos… La cuestión es que en la antigüedad, y en líneas generales, la masa, el pueblo llano, la mayor parte de la población (Acuario), llevaba una existencia muy dura (Saturno), casi todos trabajando sin parar o jugándose la vida por los intereses o los caprichos de unos pocos. Por aquel entonces Saturno regía a Acuario, es decir, Saturno se asociaba a la realidad que experimentaban las masas, los distintos pueblos, y el propio ser humano como conjunto.

Pero la vida evoluciona y los tiempos cambian, y llegó un día donde la masa empezó a pensar que si se unía, si se agrupaba con un fin común (Acuario), sería capaz de defender sus derechos. De esa idea original partió lo que años después se convirtió en una revolución (La Revolución francesa y las posteriores revueltas obreras, y también nacionalistas, que se extendieron por casi toda Europa durante la primera mitad del siglo XIX). Al final, el ser humano abrió el melón. La masa unida, que jamás será vencida, por fin triunfaba por primera vez, liberándose de sus opresores. Urano derrotó a Saturno. Y a partir de ese momento la gente se une, menos de lo que sería conveniente, para luchar por sus derechos colectivos. La Humanidad evolucionó y, con ello, el signo de Acuario, que representa a la Humanidad, también evolucionó. Es un hecho incontestable que la Revolución francesa señala el inicio de la Edad Contemporánea, y que apuntala las bases democráticas de las sociedades modernas, basadas en la soberanía popular, en el colectivo (Acuario). Antes de las revueltas populares las jornadas de los obreros eran realmente infernales. Se trabajaba durante todo el día, mal alimentados, solo parando para dormir y en unas condiciones ingentes. Precisamente ahí se gestó la revolución, en los gremios de trabajadores (Acuario), en el proletariado ya harto de ser explotado. Mientras, la industria avanzaba velozmente, la máquina sustituía al hombre cada vez más deprisa y, con el tiempo, ya no eran necesarias jornadas laborales eternas. La cuestión es que, entre unas cosas y otras, la mayoría, el pueblo llano, la masa (Acuario) acabó liberándose de tanto sometimiento y tanta carga de trabajo. El movimiento obrero tenía éxito, a los poderosos les entró el miedo, y no les quedó más remedio que conceder ciertos derechos al pueblo. Con ello, todo el mundo se hizo un poco más libre, con salarios más justos y horarios más sensatos. Liberado de tal carga, el cerebro humano comienza a tener más capacidad para desarrollarse, y fruto de millones de mentes pensando, que antes no tenían tiempo para pensar, más tarde o más temprano la genialidad acaba apareciendo. Se despertó la creatividad y la inventiva en la masa, de una forma global. Ya no solo germinaba en unos pocos privilegiados que tenían la suerte de vivir plácidamente y acceder a la cultura. Vamos, que en aquella época, el ser humano, la masa, el pueblo llano, se libera; y por consiguiente, evoluciona.

¡Y qué casualidad! En paralelo, exactamente el 13 de marzo de 1781, se descubre el planeta Urano que, aunque no sea visible al ojo humano, sí que existe. Los sucesos más relevantes de este mismo año vienen de la mano de la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos y de las revueltas indígenas en Sudamérica. Pero también, en 1781, se publica “La crítica de la razón pura”, la obra principal del filósofo Immanuel Kant; donde el autor, por primera vez, cuestiona el objeto como el origen de todo conocimiento, y señala al sujeto como la fuente que crea el conocimiento del objeto. En palabras que todos podamos entender, era la primera vez en la Historia que se tenía en cuenta la capacidad del individuo para influir en la realidad, y no simplemente estar a merced de ella. Es decir, aquí nace una visión superior y más elevada de la realidad tangible, concepto asociado al planeta Urano. ¡Qué casualidad!

Coincidiendo con el descubrimiento de Urano, la Humanidad, en un concepto global, empieza a desprenderse de la esencia saturnina, y a la vez comienza a integrar la esencia uraniana. Urano pasa a ser el regente de Acuario y Saturno queda relegado a un segundo plano, y ya solamente rige a un signo en solitario: Capricornio. Saturno pierde el dominio total en uno de sus dos reinos. El poder establecido (Saturno) es derrocado, tal y como ocurrió en la Revolución francesa y en muchos otros lugares del planeta en la misma época.

Los planetas visibles a simple vista se asocian al mundo terrenal, a lo que pueden percibir nuestros sentidos. Es el plano mundano. La realidad tal y como la entendemos aquí, en la Tierra. Pero existe algo más que solo nosotros y nuestro plano terrenal. ¡Por supuesto que sí! Por muy necia que sea la mente que quiera negarlo, o no sea capaz de verlo, existe un más allá. No somos la única realidad de un Universo que es inmenso y del cual no conocemos su fin. La propia astrología forma parte, en parte, de ese más allá, y la relación del hombre con ese más allá se estudia con los planetas exteriores. Porque el ser humano puede tener una relación directa con lo que sea que está ahí arriba, con otros planos de conciencia, con el inconsciente colectivo, o como quieran llamarlo; y todo eso, todo lo que nos trasciende, y que a la vez nos incluye, está representado por los planetas exteriores, y por los signos a los que rigen, en sus estadios de vibración más elevada.

El primero de ellos es Urano. Urano es el que provoca el despertar del alma del hombre a la realidad superior, a la conciencia espiritual. Urano es el que nos abre los ojos, y el que nos permite entender que la Humanidad en sí es un ente vivo; que el ser humano, si funciona colectivamente, es más fuerte y más capaz. Cuando el hombre conecta con Urano se da cuenta que es más poderoso de lo que pensaba, que ya no tiene por qué vivir sometido, y que es mucho más que es un simple y humilde mortal y un don nadie. Precisamente ahí es cuando supera los límites que impone Saturno. Ahí rompe las cadenas que lo ataban al plano terrenal, se produce el despertar de la conciencia y, con ello, el ser humano ya tiene acceso a la mente superior, a la inteligencia superior (Urano). Y solo pudo abrir los ojos a esta realidad superior una vez comenzó a ser más libre, cuando tuvo la paz y el tiempo suficiente para observar, pensar, experimentar, reflexionar y meditar. Y esa puerta se abrió, en líneas generales y desde un punto de vista global, en la primera mitad el siglo XIX, fruto de la evolución de la industria y de las revueltas sociales que acabaron con el feudalismo y el absolutismo; justo cuando, casualmente, se descubre a Urano.

Como venimos explicando, existe una realidad terrenal, esa parte de la existencia perceptible por los sentidos físicos y entendible por la razón lógica; pero también existe una realidad superior, que solo es perceptible una vez se han desarrollado ciertas virtudes que todos llevamos guardadas en nuestro interior, y que necesita algo más que la razón para ser comprendida. Con las dos luminarias y los cincos planetas clásicos estudiamos la realidad terrenal. Con los planetas exteriores podemos acceder al conocimiento de la realidad superior. Y el más allá es infinito, así que no se asusten si se van descubriendo más planetas de nuestro sistema solar, pues algún día el simbolismo de cada uno de ellos se integrará en el ser humano, y también se expresará a través de la astrología; pues la astrología, ahora y siempre, mostrará y ha mostrado todo aquello que le ocurre al ser humano. Pero claro, a aquellos que piensan que solo existe lo que sus sentidos pueden percibir, a los que no creen en la existencia de un más allá que difícilmente es comprensible con la mitad de un cerebro humano (la limitada mente racional), supongo que les resulta más cómodo desprenderse de los planetas exteriores. Y me parece muy bien. Pero por favor, dejen tranquilos al astrólogo moderno, e intenten aprender un poco de él, de la misma manera que él también aprendió de los clásicos; pues seguro que algo puede aportarles. Si ya de por sí es difícil defender la veracidad de la astrología ante la descreída opinión pública, ningunear la astrología moderna y crear este absurdo debate, cuando menos, no ayuda nada. ¿O es que existe alguna motivación oculta detrás de todo esto? Es curioso observar cómo, en el mundo de nuestros días, donde nos están usurpando muchos derechos que tanto costó conseguir, y donde la humanidad parece involucionar en vez de evolucionar, a la astrología también se la pretenda devolver a un pasado y, a la vez, robarnos a todos la sabiduría de su versión más moderna, la cual, al fin y al cabo, está mucho más en consonancia con el mundo de nuestros días que la clásica.

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